sábado, 17 de febrero de 2018

MIRADOR

Antología literaria de varios autores.




Os presento: Mirador.

Una antología literaria con diferentes obras creativas en asociación libre y en la que participo junto a otros compañeros.

Disponible en amazon:


Aportan en ella su creatividad los autores: ©Auroratris, Nino Ortea, Athenea, Lyvy, Xan Do Río y Clarisa Tomás.

El proyecto ha sido una idea de Nino Ortea , también ha sido el encargado de la coordinación del proyecto, edición y composición del libro para la colección "Perspectivas" de la Autoeditorial LIBRELENA: Nino.

Colaboraciones especiales:
Ilustración interior para El valle de las piedras: "Masha" ©Cristóbal Alcaraz. Todos los derechos reservados.
Colaboración literaria en "Alba" ©Rafael Sánchez Ortega. Todos los derechos reservados.

Todas las colaboraciones son geniales y estoy segura que no os defraudarán.

"Esta antología llega a ti, lector, con nuestra intención sencilla de compartir sentimientos, avivar sensaciones y alojarse en tu recuerdo.
Gracias por confiarnos tu interés y tu atención. Gracias por hacer de éste tu mirador (re)creativo". (Fragmento de la introducción, Nino Ortea. 24-1-2018).


Mi aportación es un relato narrado en prosa poética con algún enlace en verso, que habla en primera persona de la violencia contra las niñas. Un pequeño homenaje al Día Internacional de la Niña.

Os dejo aquí una muestra de mi aportación en el libro "Mirador".
Relato El valle de las piedras: "Masha".

Obertura

En los días ocultos
el sol abandona los bosques,
el río se hiela y yo, con él, dulcemente...
En el país de piedras sin destino,
cubierta de frío, estoy.
No tengáis miedo del manto escarchado
ni del ronco quejido,
¡piedrecillas descoloridas!,
el viento que se reclina en el vientre de Jashka
nos traerá su aliento cálido,
perfumará nuestros cabellos.
¡Mirad con sus pies danzadores
a la nieve descalza!
Trepa por laderas como ninfa de espuma
y en las cimas cimbrea su corona nívea.
Y allá, más arriba,
alrededor de los anillos del sol,
las aves fabulosas hacen sus nidos
y mecen los inviernos niños...
Los inviernos de piedras pequeñas,
para que el corazón se arrulle y no muera...
¡Agua, no corras, ve despacio!
esta noche Luminosa viaja intrépida,
vuelve al renacer del tiempo en los pistilos,
verterá en cada sueño
alfombras aurorales,
formará regueros de días recién nacidos.
Y yo, junto al río, dulcemente...


Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.

Gracias, lector.

Desde aquí mi agradecimiento a los compañeros participantes en esta obra y mi admiración por sus textos geniales. Gracias por darme la oportunidad de participar en este proyecto literario ilusionante. ¡Felicidades!


domingo, 11 de febrero de 2018

EL RUMOR DEL AGUA

Río Turija (Ucrania). Річка Турія (Україна).
"Tú lo aprenderás, pero no de mí sino del río.
Él fue mi maestro, y será el tuyo.
Todo lo sabe el río, todo lo puede enseñar, todo".
Siddharta, Hermann Hesse.


   Siguiendo los pasos del río me adentré en un pequeño remanso. De entre los juncos, una familia de gansos disfrutaba de un paseo primaveral. Conté siete polluelos que seguían a su madre ligeros con su alegre piar. Ellos también eran latidos del río.
     Pensé es su biografía. En su tiempo de vida, apenas dejando huellas en el agua. El rumbo de sus ecos en las orillas, quizás en primaveras cortas y sin conocer inviernos...

     Pensé en mi biografía y en mis pasos. Y no sé si perceptibles o también como el vago rumor del continuo pasar, mi fábula viaja en la corriente dejándose llevar en los tintineos.

     La biografía humana no se limita a lo que cada uno de nosotros relata según los recuerdos que tenga, sino que es un trabajo de “investigador”, si queremos encontrar los tesoros escondidos de la psique, olvidados y transformados por nuestras interpretaciones.
   Alguien me dijo un día, que la mejor manera de emprender esta tarea del encuentro de uno mismo, es con el alma desnuda. Así empecé mi búsqueda en un día primaveral junto al río. El agua llevaba palabras...

   Si partimos de la premisa de que todos hablamos desde la luz, comprenderse uno mismo no será atender sólo a las propias conclusiones, sino también a las conclusiones que el entorno cercano tiene de mí. Y aunque esto parezca que no me importe, he de tenerlo en cuenta. Pues lo que persigo es hacer lo más feliz posible a las personas que me importan a la vez que me procuro mi propia felicidad. Una no es en mí sin la otra.
    Quizá entonces, la biografía importa en la medida en que busquemos la sombra; es decir, aproximarme a lo que no conozco de mí misma.
   Mi verdadero arte será obtener información que me acerque esa “otra parte” de mí misma. Escucho a los amigos, a la familia cercana, a las personas significativas en mi vida, les pido palabras en las que me indiquen qué soy yo para ellos; qué significo y cómo me ven y consideran. Les pido sinceridad.

   Y entonces vuelvo a la introspección, intentando llegar a mí yo más profundo; quizá ahí descubra cómo soy en realidad, lejos de los convencionalismos y las ideas preconcebidas que me han sido impuestas (como la sociedad dispone para casi todos) desde mi tierna infancia.
   Ahí surgen las dudas: ¿cómo saber si soy capaz de pensar por mí misma? ¿Cómo crear un pensamiento autónomo?

   Sólo hay una manera: honestidad. Ser honesta con mi discurso adoptado desde la infancia. Y estar dispuesta a aceptar la realidad cuando hubo desamor, maltrato, carencias afectivas o abandono. Y nacer ahí, atribuyendo lentamente el sentido de las palabras, en sintonía con todas las sensaciones que me llegan. Escucho el batir del agua en las orillas...

   Y así he vuelto a la primera vez de todo. Y así comienzo a sanar y a ver con claridad.
   Ese era el objetivo: sanar por dentro. Comprenderme.

   Leí en alguna parte que «la curación siempre está relacionada con la ampliación de conciencia, con la apertura para formularnos preguntas fundamentales».

   Quiero pensar que lleva implícito alcanzar mayores cotas de perfección. Mejorar como persona. Así oí hablar a personas que han sufrido enfermedades, de las cuales han salido fortalecidos no sólo en la carne, sino en su ser más íntimo. Personas que han logrado a través del sufrimiento un conocimiento propio que les ha llevado a sentir y ver los especiales que eran y lo especial de otros. Una cierta conexión cósmica inexplicable pero sí esperanzadora.

   Recuerdo que mi padre tenía una opinión al respecto y me decía que: «alguna vez comprenderemos que somos una totalidad, un flujo de agua, un holograma, una unidad... y como tales, sanaremos o enfermaremos según nuestra necesidad».
   Y es posible que esos momentos sean los que nos propicien nuestro encuentro con nosotros mismos. Un detenerse para observar nuestro propio rumor, el que llevamos dentro...

   Hace un tiempo me detuve en una orilla, quería oír el rumor del agua. Saber quién era yo lejos del sobrecogedor mundo de las “necesidades”. Me paré para aprender a “elegir” lo que realmente necesitaba. Quise ser yo la que eligiera cosas, objetos, mundos, siempre ansiosos por pertenecer. Y dejar de ser selección de banalidades por algo renovador. Supuse que ese inicio en cosas más sabias debía buscarlo en el agua. Y me acerqué a este río y vacié en él todas mis palabras...

   Fue así que inicié mi “tiempo nuevo” en el simple contemplar para aprender a ver. Quizá imbuida de pensamientos de agua comencé a narrarme de nuevo. Y recordé al bello Siddhartha en su viaje hasta el río... Y recordé su mensaje de la unidad que subyace en todo lo existente. Y aprendí a sentir el rumor del agua... Y ahora escribo su rumoreo.

El espíritu de la montaña
bajó al valle,
contempló el canto
amable del río.
Y entonces
vio la fragilidad de la belleza
en su diáspora,
sutil en los fragores de la corriente.
Y entonces
unió orillas con orillas,
alzó alas y árboles
y contuvo el aliento.
Porque el viaje es un pálpito
continuo de corazones enlazados;
porque todo es agua
en su batir,
desde el mismo nacimiento
en cúspide o raíz,
y en ella se pronuncia.


Escrito por Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.

  Gracias, lector.

domingo, 28 de enero de 2018

DANIELA ESTÁ BAJO EL NARANJO

Audrey Hepburn (1929-1993).
Escrito para El Día Mundial de la Lucha Contra el Cáncer.

....................


    Yo pude haber sido ella. Ella pudo haber sido yo.


   Ella duerme a los pies de un naranjo. Yo quisiera dormir en el centro de un rayo. He pasado la noche llorando...
   Escribo en mi diario las cosas por hacer: « visitar a la madre de Daniela sin falta el domingo. Subir a Los Desamparados y prenderle una azucena a la Cheperudeta. Ir a los naranjales a cantarle a Daniela».
    Vuelvo a la cama. Mañana tengo cita en La Fe.

    Me despierto seca como rosa cortada y sin agua. Miro por la ventana, La Malvarrosa está pletórica de olas, de espejos volátiles con su algodón de azúcar...
    De la calle llegan sonidos de fiesta. Pasa una banda tocando música alegre de la tierra; de esta tierra salada y de flores... «Valencia, tus mujeres todas tienen de las rosas el color...».   Me duele un rincón que no me encuentro... Siento en mi cabeza un rumor de abejas... 
   Estamos solas: mi lucha y yo.

   Cierro los ojos. Se hace la oscuridad en la gran sala blanca. De fondo, suena “Imagine”. Imagino el cielo de Lennon... Imagino que una luna llena se cuela en el naranjal... Imagino azahares miméticos empolvados en su claro lunero, apenas invadido por el croar de las ranas y las carrerillas de los conejos hasta el huerto nocturno. Imagino senderos de hormigas en tardes de julio... 
    Llegan recuerdos... Gerard, Daniela y yo, con nuestros pocos años subidos en bicicleta, allá por el camino que baja a los arrozales y a la barraca... Y Tina entusiasmada detrás de nosotros, corriendo y ladrando tan contenta...
    Abro los ojos.— Es inútil cegarme—. Se abre la puerta... Me tapo los pechos. Mi herida no cierra...

   La enfermera me da dos noticias que ya me esperaba... 
 «¡Primero la mala!» —suplico en voz baja—. La segunda ha resultado ser la protagonista imperiosa: «más sesiones de “quimio”» —se lamenta—. Me siento de nuevo en la silla... Me contagia su frío. Se me arrugan las manos, encoge mi ombligo. Me vuelco en un vómito. Suspiro... Se me escapa una lágrima... 
    Y ya solo me acude a la cabeza que Daniela está bajo el naranjo...

    Sonrío al espejo de la ventana. Leo un folleto clavado en la pared: « La Química y yo». Me cubro la calva con mi precioso pañuelo de girasoles. Doy un traspiés... Balbuceo ironías conmigo misma... «!Y yo que siempre fui de letras, señor!». —Pero la sala ya está vacía—. 
    Nadie alrededor...

    Camino por la calle ingenua en mi abismo, trepo por él buscando recuerdos de algún pasaje escrito. Alcanzo una sima: la del Cervino en el 95. «¡Aquello estuvo bien!». Sí, —me digo y me ánimo—. Fue el cinco de mayo... Daniela y Gerard llegaron los primeros. Pierre y yo, los segundos. 
    En la cima tocamos el cielo apiñados, unidos. Soltamos al aire todos nuestros amarres. Y abrimos el pecho, y sentimos la fuerza por dentro como un germen a punto de explotar. Daniela cantó su alegato divino: Come Here¡ Y nos llenó de besos y proyectos. Allí arriba, nuestras vidas resplandecían como un sol sin puesta.

    Comienza a llover... Me llueve en los huesos... Escucho en la voz de Louane: «A faire crier grâce à tous les échos.... Je vais t'aimer». Si pudiera cantar...
    Entra mamá con una taza de té. Miro a la pared... «¿No tienes otra música más alegre? —me pregunta, apurada—. «Me acaba de llamar Pierre, llegará en el tren de las ocho» —es mi respuesta tonta, también—. Mi madre me mira, despega los labios con intención de hablar, pero luego los cierra y calla. La siento nerviosa y le da por dar vueltas... Se propone colocar todos los cojines que me rodean descolocados a sus anchas... Cierra el libro abierto que ocupa la esquina derecha del sofá, lo ojea distraída...

    «La flor púrpura de la señora Chimamanda esa» —exclama en voz baja, suspira afectada: «¡cuánto te gusta rodearte de cosas tristes, hija mía!». Quiero aclararle que no es un libro triste, sino dulce; tierno como una rosa recién despertada en la mañana... Pero no tengo ganas de abrir la boca. 
    Parece como si las palabras también se alejaran de mí...

    Hoy está el día bobo. Sale el sol un minuto, y al segundo se deja tapar por las nubes. El mar ruge. El viento se estampa contra la cornisa de mi balcón. No escucho a los pájaros, se me acaba de abrir un dolor... ¿La boba soy yo?

   Detrás de los cristales estoy arrumbada en la hamaca con mi couverture de cuadros vintage. Leo Les roses de Rilke: «Abandon entouré d'abandontendresse touchant aux tendresses...». Se me caen las pestañas... «Ô musique des yeux toute entourée dèux». Se me cierran los ojos...

    Ellas podían haber sido yo. Yo aún puedo ser ellas... ¡Daniela! ¡Esperanza! ¡Manuela!

    Después de un año agónico, he vuelto a soñar con naranjas... Caen como lluvia cálida sobre mi cara...Y al tocarme se hacen globos, naranjas de espuma y de seda... Daniela está feliz... Porque siempre se vuelve a nacer... ¡A vivir!

    Navegan herrerillos a barcos, piruetean veloces sobre el naranjal. Suben, bajan, caen en picado y rozan tus naranjas con su plumaje. Cantan... 
   ¡Te cantan a ti, Daniela, que has florecido en tu árbol! Ahora que tus cenizas nutrieron su raíz, te has convertido en fruta jugosa y dulce. Alimentas perfumes con tus pechos sagrados, te columpias en los bucles del aire...

    El dulzor de tu piel se cuela en mi costado, me lava el dolor y calma nostalgias. Amiga del alma...
    Y parece que fue ayer y han pasado dos años... Y recobro el aliento y vuelvo a subir a la montaña...
   Has vuelto a los campos y a los mares, Daniela. ¡Has vuelto vestida de azahares! Has vuelto a traerme primaveras.

............................

Relato escrito por Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.


(Dedicado a todas las mujeres que han sufrido o sufren cáncer. Dedicado a una querida amiga y a las rosas). Escrito para el Día Mundial de la Lucha Contra el Cáncer.

Gracias, lector.

viernes, 5 de enero de 2018

DONDE LOS PUENTES SE ALZAN

Disponible en:

Hola a todos: ¡Feliz 2018!
Os presento mi tercer libro publicado. Para mí, este nuevo año llegó con promesas cumplidas y algunas alegrías.

Donde los puentes se alzan es una mirada poética. Alegorías que se confunden con la propia vida, para ser un solo paso caminante mimetizado en el paisaje. Donde la montaña, el río, el árbol o el puente, tienen voz propia a través del eco viajero. Poemas que hablan de sentimientos vivos que van de lugar en lugar, de corazón en corazón, con su gesto emblemático. Como si todas las cosas estuvieran relacionadas y formasen un «todo».

Los puentes me resumen la existencia. Ellos sostienen los días y las noches, en el fervor de las estaciones con toda su pléyade. Compartimos la misma marca de agua y el mismo gen perecedero, el mismo deseo de movimiento que nos vuelve etéreos. Y, me hacen sentir que soy también trayecto, un trozo del encuentro (del Gran Encuentro), donde me uno a otros caminantes.



"Una vez tuve un puente
colgado en mi costado,
yo tenía en mis ojos
dos grandes lagos.
Él unía mis orillas
y me cantaba dulce,
como cantan los puentes
cuando agua y sol se funden".


 Y quizá, este libro, solo es una canción amable de múltiples encuentros sobre el puente...

Nota: edito de nuevo la entrada. (17/01/2018). Gracias a todos.

Dejo aquí algunos enlaces disponibles para quien tenga interés en leer: Donde los puentes se alzan.

Gracias a todos. Gracias, lector.





  

sábado, 16 de diciembre de 2017

EVANESCENCIA



Al tiempo en la orilla.
Carta sobre un cuento sin Navidad.

Allá donde el origen se desvanece,
los recuerdos inconclusos
buscan la luz turquesa, su Algarve luminoso.


    Nací con une tristesse sous le bras. Ella alimentó mis tiernos años y jamás me abandonó. Pero aprendí a distanciarme de ella sin cobardía.

   Hace tiempo que vivo en un círculo estático, cerca del inmenso invernal, orillada en el vértigo elíptico. Las boreales se ondulan sobre mi cabeza, imaginando que son aros del sol en su desliz. Y en ese gran enigma, mi voz se hace distancia, eco que trasciende...

   Los cantos interiores me salvan del abandono. Con ellos resucito mis ganas oprimidas y las vuelvo a sentir dentro de la boca. Abro mi pecho, entonces, y dejo entrar al aire. Él me inunda de realismo y de esporas, vuelvo a ser del viento en las semillas...

   La tristeza tiene mil caras y miles de sonidos. Cae sobre el pecho como manto otoñal impregnado de hojas, de ecos que se arrastran para sentir la tierra viva. Une las cimas con viento racheado vestido de nostalgias, en cimbras que se mecen con sus colonias de aves, con lazos desprendidos de los cabellos aurorales...

   Y sube hasta el ingenuo cometa detenido, revolotea en su cola, queriendo alejarse... Al poco se hace arena y colma en los desiertos, remueve la honda duna, me acaricia los brazos y vuelve lenta, ¡lenta y pertinaz! de nuevo a mis ojos...

   Hemos llegado lejos, ¡muy lejos!, ella y yo. Hemos tenido el mundo en los pies y en las manos, y lo hemos acunado y así lo dormimos..., en noches que eran largas, en días que eran mudos. Una vez construimos un puente sobre un río. Duró un solo estruendo de metralla lunar. La tristeza flotaba y se hacía enredadera, piedra donde ocultar la lluvia de las horas; el remo donde al alba, la voz se hacía agua... Agua desacostumbrada.

  Dasacostumbro mis pasos y mis recuerdos. Pero ellos vuelven a mí como inocentes alvéolos, me engañan con límites nuevos, me hacen creer que son recuerdos inéditos a punto de ser jardines entusiastas...

   Y recuerdo un largo día y una noche pequeña. Y recuerdo un desván empolvado de ausencias. La inocencia guardada en la caja roja sin “caperucita”, junto a otros instantes inservibles y rotos. El espejo de Alicia sin luces maravillas, bloqueando un rincón y sin rastro de Atreyu, ni de sus “pieles verdes” ni de la vieja Morla. Recuerdo la nieve con su flor edelweiss asomando por una montaña interminable... Aquella que veía desde mi hueco roto... La tristeza era hábil escalando el Cervino. Con su aliento estridente alcanzaba la cima y, yo pensaba «¿se irá, dejaré de sentirla?», y de nuevo volvía con un simple pestañeo, como un sueño imborrable... Se trenzaba en mi pecho con toda su escarcha, ¡con toda su escama de hielo!

   ¡Era tan larga y viajera! Se adentraba en las playas radiantes de Albufeira y en CasaBlanca, tomaba un respiro de arena dorada. Volvía sobre Argel como mancha de ciénagas. Escalaba los Alpes por la ruta Hörnli y acababa fundida... Pétrea al noroeste.

   La tristeza es escala que no teme al sostenido, ni aprieta los dientes cuando el mundo se inunda. Ella abre la boca y exhala su mar entristecido, regurgita distancias, se relame con los huesos de los días secos. Es techo de alambre para el vendaval, y ella sabe que es fuerte aunque frágil la crean. Nunca huye del hogar. Ella siempre se queda aunque sea al desamparo. Y si viaja, no cambia de huesos... Siempre tiene un paraguas.

   Caminé por la orilla donde el pámpano tiembla, con mi capa tristeza, y caí, dulcemente, donde el bosque comienza a ser polvo de estrellas. Con mi larga tristeza he cubierto los bordes, he dejado mi huella en su lecho invisible...

   Me consuela saber que la vida es desnuda; que la tierra es mansa pero cría salvajes; que el camino es tiempo ajeno a los relojes, que siempre hay un río que baña realidades... Que el cielo es azul y la rosa es rosa.
   Me consuela saber que al final, la tristeza, es piel mudable; una máscara que aprieta en los ojos para no dejar ver la inmensa Alegría orbital.
   Me consuela saber que ella sólo es un vestido más de las estaciones. Estaciones que han aprendido a vivir desnudas...

   Hoy encontré aquella foto de los años niños. Tú y mamá sonriendo en la proa, como en “Titanic”, Jack y Rose, con el viento de cara y las alas extendidas. Nosotros tres arremolinados en popa, descubriendo delfines o buscando a un futuro capitán Sparrow; y riendo por todo y discutiendo por nada y yo, apretando los dientes y gritando: ¡socorro!, —ya sabes que mis hermanos adoraban mis trenzas—. Mañana hará años que te fuiste a la mar con tu sueño evanescente...

   Siempre en esta época de aniversario, la tristeza me inunda con sus olas gigantes. Recuerdo tu empeño por salvarme de ella, desde el mismo anillo, desde mi incipiente entristecer. Tu promesa de que un día, esa tristeza anillada se desprendería de mí... «¡Ojos tristes!», —me decías—, «¿por qué esos ojos tan tristes?» Ni tú ni la pequeña «yo», lo supimos nunca. 

   Ahora que el tiempo ha crecido, ya no me hace daño. Ella pasa de largo y me deja un saludo... Se balancea en el pasado como rosa que quisiera ser recién nacida todos los días. Pero solo es una simple huella que se difumina... Ahora sé que todo es temporal. Temporal que asola y, a veces, también ilumina... 
«¡Evanescencia!», papá. Tu palabra preferida.


Escrito por Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.
(Del libro inédito "Cartas desde la orilla").
Gracias, lectores.
Os deseo lo mejor a todos: ¡Todos los días!



viernes, 1 de diciembre de 2017

MENSAJE EN UNA GOTA DE AGUA


"Tan leve parecías, tan al borde
de ti
que la noche aprendió
el modo de dormirse sobre el río".
Chantall Maillard.



El sonido de la lluvia
llegó calando tus ojos,
como cervatillos saltando sobre la hierba,
mulle el aliento,
resbala por tus mejillas.
Si abandonas ahora,
resecarás tus pies tanto tiempo
empapados;
no podrás volver a tu agua semilla,
te quedarás perdido en la piedra que descansa.

Vuelve al lindero donde
tus pasos fueron espigas abiertas,
en el tornasolado vientre
de tus antepasados.

Ella está ahí, como punto
y extremo. Dibuja en tus ojos
océanos nublosos bajo la tundra.
Temblequea en las nubes y vuelve a la nieve
para ser raíz blanca, titilar que no cesa.
¡Quisiera ser cáliz de rosa!
Vencer los inviernos apresurados...

La lluvia trae sonidos olvidados,
repiquetea en mi memoria
la costumbre del nacer en sus gotas.
Me avisa de que llega diciembre
con sus coronas violáceas,
con sus cielos copiosos que se derriten.
Y en tus ojos navega sin alcanzar orillas.



Poema de Clarisa Tomás Campa. © All Rights Reserved.


Gracias a tod@s.