jueves, 24 de diciembre de 2015

ENTRE DOS TIERRAS

Poesía

Estimados lectores:
os presento mi segundo libro publicado y disponible para su lectura, desde esta semana, en todas las librerías. ¡Por los pelos!. Bueno, esto de publicar es tarea complicada, y más si eres autor auto-publicado como yo. Los obstáculos siderales que tuve que saltar, ahora, ya no importan.

Y sí, aquí tengo la prueba, y es para mí una satisfacción. Recoge poemas escritos (que algunos aparecen en este espacio como muestra), en una etapa de mi vida cercana, en la que me he considerado como “esponja” en el camino. Quizá porque todo lo que veía se me quedaba dentro y la única forma de canalizarlo era a través de la escritura. Las palabras escritas han hecho prodigios en mí, hasta el punto en el cual me he sentido palabra deshecha, para volverme a hacer. Palabra a contracorriente y en la corriente; en vuelo y en caída; hallada, para no dejarme perder...

Y en ese esplendor descubierto, pude darme cuenta de que el ritmo de la vida son palabras, pronunciadas o no, pero que están ahí en cada hoja, en cada latido, en cada brillo; en cada lloro, en cada despedida, en cada despertar... Y aprendí a descifrar palabras a cada paso y, en ello andamos...

Todos mis libros son un viaje. Lo que escribo es un viaje. No sé escribir y estarme quieta. Así, Entre dos tierras es un viaje con su particularidad. Recorre sentimientos, encuentra sus lugares; se asoma a sus orígenes. Y busca las palabras comunes a lo vivo, para viajar con ellas. Un introspectivo viaje, al que se le unen otros andantes de caminos de tierra. Recuerdos, injusticias, algún dolor... Inocencias, entresijos, rebeldías..., la alegría. Para descubrir nuevos mapas y llegar a donde quizá, no lo esperen.

Gracias a todos por vuestras lecturas y comentarios. Gracias por vuestra complicidad en este ánimo literario que nos guía. La lectura fue un bello descubrimiento para mí, por ello, también agradezco a aquellos autores que motivaron y motivan mi pasión por los libros y la lectura. Escribo por la inquietud que despertaron en mí su compañía.

    ¡Felices fiestas! Para aquellos que no se sientan vinculados a estas festividades, les deseo, igualmente, lo mejor en sus vidas. Yo tampoco creo en los días señalados, mas bien considero que todos los días son una señal. Aprovecho y los cuento. Y para todos: ¡Vida! Que ella sea el regalo.

Clarisa T.

Por si alguien tiene interés:




sábado, 12 de diciembre de 2015

UNA VEZ TUVE UN CUENTO

Imagen del film: L'odeur de la papaye verte (Mùi du du xanh) 1993.
Director: 
Tran Anh Hung. Coproducción Vietnam-Francia.
Premios en el Festival de Cannes: Cámara de Oro y Premio de la Juventud.

 Entonces pude oír
pequeños latidos... 
Dulce es la vida si prestas atención.

Mañana, mañana...
Harán tu cuna en los albores
las mariposas blancas.
Y arrullarán tu nuevo nacimiento,
los cantos nacidos
de tus pequeños brazos.


Realidad sin adjetivos,
soledad sin pronombres,
mapas sin ríos...

Una vez tuve un cuento
viviendo en mi casa.
Fue un regalo inesperado
que me trajo un relámpago.
Creció como crecen
los cuentos ideales,
con un poco de aliento
y dos gotas de agua.
Descubrí una mañana
que tenía una hoja,
que se hizo una rama,
que se hizo un gran árbol
lleno de palabras...
Era un cuento animoso
desbordante de vida,
que fluía en su frente
un párrafo infinito.
!Las colinas lo amaban¡

Se alejó por diciembre
a encontrar su camino,
porque él era un cuento
de esos de andar por tierra.

Una vez tuve un cuento
que buscaba ser libre,
alcanzar la belleza,
el poblar de los libros...

Hace poco lo vi
al volver de una calle,
iba absorto en sus cosas
mirando a los tejados.
Llevaba letras rotas,
un verbo descosido...

“¿Dónde vas cuento mío?
¡Cuánto tiempo sin ti!
No pareces mi cuento...
¿No te sientes feliz?”.

Y al mirarme, sus ramas,
deshojaron dos versos,
y al revuelo del viento
se abrazaron a mí.


Del libro (inédito) Donde el maizal florece, por: Clarisa T.

domingo, 29 de noviembre de 2015

PÁJAROS ERRANTES

Imagen: Mural del artista Dante Horoiwa. Construcción de una escuela para promover  la educación especial para niños con trastorno del espectro autista.  Rotterdam, Netherlands, 2009. Arte Urbano.
Dante Horoiwa es un artista que habla del mundo actual, en su viaje triste y oscuro en busca del verdadero yo. La soledad es un tema predominante en su obra.

http://horoiwa.com/works/
http://www.ruafestival.org/artists/horoiwa/
Cuánta vida queda escrita
en el rostro de una calle,
en los adoquines de cualquier puente...

Réquiem por ti.

   El veintiuno de septiembre, saliendo del metro, en una ciudad a orillas de un río, encontré a un joven músico muerto sobre la acera. Permanecía sentado con la espalda apoyada en la pared y, a su lado, un viejo violín con un aspecto tan triste como él.
   Me acerqué y acaricié su pelo – fue un instinto – . Entonces descubrí a un pequeño pajarillo alegre y feliz picoteando en la palma de su mano, el resto de semillas y migajas, que él, aún sostenía en generoso gesto.
   Paralizada, asombrada, bajo el peso de una soledad vertida... Vi una lágrima que iba lentamente deslizándose por su mejilla, hizo un camino entre los pelillos de su crecida barba, hasta caer en el mismo cuenco de sus manos, que graciosas, acomodaba sobre su regazo. El pajarillo, hábil, rápido se la bebió... Sentí un escalofrío, un vuelco... Un joven desconocido acababa de morir en plena calle, y aquella, era su última lágrima... Pero nada delataba su vuelo, salvo la música, que se quedó muda esperando la sonata del viento, mientras los transeúntes pasaban sin apenas prestarle atención.
   Su imagen, parecía un cuadro nacido del pincel de algún pintor impresionista; suave color iluminado lo envolvía de poesía; poesía no legible a los ojos que pasan sin detenerse.

   Me quedé sin respiración, nunca había visto una muerte tan bella. El pelo le brillaba al escaso y tenue sol de aquel atardecer, y pude admitir, que aquel joven ya inerte, podría confundirse con un ingenioso graffiti, de esos tan bellos y vivos que a veces se ven en las calles de Rotterdam...

   No podía dejar de contemplarlo, tenía los ojos alzados mirando hacia algún trozo de cielo, que yo no pude ver..., mientras aquel pajarillo apuraba las últimas migajas que quedaban en sus manos...
   Perdí la noción de cuánto tiempo estuve arrodillada frente a él, mirando su ternura... Hasta, que, comenzó a llover..., y, la sirena de un coche policía rompió el misterio. El avecilla voló asustada y yo, me fui hacia el puente, en dirección a mi casa, envuelta en el bullicio estridente de las calles y calada hasta el alma...
   Su imagen no podré olvidar en mucho tiempo, quizás nunca.

   Curiosamente, hay dos pajarillos que vienen algunas mañanas hasta mi ventana y cantan sobre el alféizar, después, elevan sus alas y se pierden a lo lejos... Yo, por si volvieran, les dejo un cuenco con semillas y migajas de pan...
   Ahora, la cita en la mañana ya es costumbre. ¡Desayuno con pajarillos!. Vestida con mi mejor sonrisa, cada día, me planto detrás del ventanal, tomo café y croissants mirando a los cristales.
   Y..., no sé porqué razón, me parece que cantan para mí, que vienen a dejarme su alegría...

Ayer murió un pajarillo errante...
Lo encontré en la esquina del viejo jardín,
entre las hortensias y el jazmín de oriente.
Lo cogí entre mis manos
y acaricié sus plumas frías,
amparé su temblor.
Lo enterré bajo la almohada
de una rosa blanca, al lado de los lirios
que mecen el canto de la vida...
En ella te quedarás dormido,
en la estación sin relojes.
En ella, que guarda el secreto de los aromas
que nunca despertaron,
en el lugar común de los desarraigados,
junto a otros alados sin nombres
que cayeron aquí.
Un cisne flamante
pasó a ras del suelo,
enarboló su ala y le dejó un:
¡Adiós, adiós!.
El cielo, en un instante,
se conmovió entre truenos,
abrió y cerró los ojos:
lloró, lloró.

Del libro (inédito) : Los puentes desatendidos por, Clarisa Tomás.

viernes, 6 de noviembre de 2015

CAER...

Pintura del artista Ernest Descals.
http://ernestdescals.blogspot.com.es/

En Magdeburg, sobre el fluvial...

Después de aquel día, los puentes,
dejaron de hablarme,
pero aún me dejan palabras
escapadas por entre sus rendijas.
Y hay veces que me dejan chaquetas
olvidadas, bolsillos rotos,
notas escritas en simples servilletas.


Tú nunca me llegaste, Vida.
Por más que te esperé y abrí los ojos,
no encontré la dulzura que mi madre cantaba.
Y busqué en todas partes y te llamé en las noches,
y llegó la mañana y te dí por perdida”.


Nunca pensé que se podía morir
dos veces en un día.
No sé si en una vida,
la muerte se pierde en cuentas,
si resta, suma o perdona.
La impotencia abarca más de siete leguas,
y yo como otros, sin botas...


Quedarse ausente y no encontrar palabras,
cruzar tu pronombre sin saber qué persigues;
volcar los ojos y no encontrar más luces
ni adjetivos sobre el helor.
La angustia transitando por las venas,
el cerco del agua atando músculos
llenando la llaga impronunciable...

Y todo se abre en su espiral profunda, agónica
estrella que viniste a caer, humus del Elba...
Algunos, desde lejos, lo vimos sobre el puente
mirando el fluvial,
absorto sobre el fluir del agua...

Hay miradas que solas se dibujan;
hay pasos que nunca dejan ruido;
hay caídas que nadie las pronuncia...

Y vació sus brazos llenos de pesadumbre,
y se unió a los bordes
donde la vida pierde la desnudez que trajo,
su vestido de tierra.


Poema recogido en el libro (inédito) Los puentes desatendidos, por: Clarisa Tomás.

lunes, 21 de septiembre de 2015

GUERRA

Imagen del artista Michael Peck. Fotorrealismo.
http://www.michaelpeckart.com/


La guerra muerde y después se oculta.
La guerra siempre me deja esdrújula...

La guerra anuda montones de zapatos a las gargantas y,
los hace estallar, y entonces llueven brazos, piernas,
lágrimas vivas.
Hay millones de ojos que no encuentran sus párpados...
Las manos de la tierra rebuscan
en cada agujero. Encuentran pequeños destellos
asustados, cristales que vuelven a su estrella,
distancias insalvables...
La guerra deja un quebranto esparcido.
La miseria mundana a cara descubierta.

Una vez encontré rostros huidos de la guerra
que llegaron del mar... , arrastraban desiertos...
Un anillo en su dedo que aún latía, latía de miedo.
Una historia sin terminar...
Un arrullo en silencio debajo de un tanque.
Una banderola con un nombre incrustado
que solo decía: Paz. Aplastada.
Un cuento vacío de colores
lleno de sapos y, sin palabras...

Nunca supe cómo llegó a la tierra
la guerra muerte, la sangre fría.
Tanta hojalata herrumbrando valles...

Algunos creen que fue cosa de valientes,
pero yo creo que ha sido cosa de cobardes.
De enseñanzas y credos erguidos en pedestales
que dominaban males endiablados.
Soberbia en danza, cualidad de raza...

Malacrianza de siglos arrastra el mundo,
enfermiza pretensión por controlar lo eterno
han hecho de la guerra principio y fin.
Pero ¿qué hay debajo de la piel del hombre?
Sino huesos, huesos cubiertos de ambición...
Sustancia efímera sin discernir y, guerras...

Pero ¿quien inventó el paraíso para matar por él?
Hogar – dicen – donde lucen tiras de pieles al sol
y el “ego” deja su aliento...

El camino de la venganza va repleto de noches,
tristes noches hacia su escarpa.
Porque nada termina con el muerto por muerto...

Llegó la guerra y nos dejó a oscuras,
llanto de niños, dolor de brazos,
temblor de cunas...

La guerra siempre me deja atónita, recién partida...
Incrédula, trémula... Esdrújula y muerta.



Publicado en el libro: "Entre dos tierras". Edit. Punto Rojo, nov. 2015. Por: Clarisa Tomás.

miércoles, 26 de agosto de 2015

EN MI PELDAÑO

Pintura de Jia Lu , artista china contemporánea. Realismo Exótico. Belleza.
http://www.jialu.com/
"Nacimos sin experiencia,
moriremos sin rutina".
Wislawa Szymborska.


Subida en mi peldaño...
Se aleja el horizonte, las aves, la rutina y,
el aire solo deja caricias pasajeras...
Qué decepción es la vida – decías – ,
cuando se comprende lo que la vida es.
Cuando ya no puedes cantar tu nombre...

Sin respuesta, sin alivio,
me vuelco
sobre historias,
observo la corteza de este mundo,
el musgo,
sus piedras incrustadas,
los líquenes
marcados de hileras de caminos.

Absolutos, relativos, efímeros instantes;
ajenas, extraviadas, dormidas acuarelas;
los huesos apilados, la cal sobre las sales...
Cordones sin zapatos, ignorancias vencidas,
mentiras sirviendo de alimento a los gusanos.

Vestida con su velo, la arrogancia se une
al paso de la bestia, siempre altiva.
El tiempo se dedica a sujetarse...
Retazos de vivencias moribundas,
frutos secos de la materia...

Detengo la mirada sobre el puente
y veo cruzar caudales,
las ideas ancestrales, la ingenua fantasía,
millones y millones de pasos insistentes.
Caminantes destinados a dar vueltas y vueltas
al horno de la vida,
a girar y girar desnudos de grandeza.

Y el paisaje es un cerco
que dibuja la luna más triste entre las lunas,
medio ciega y lejana,
nos deja su misterio trenzado en una hiedra.

Fugitivas figuras traspasan
la neblina,
las cimas
de las formas se deforman,
las borrosas se inventan, y,
el viento se queda en un suspiro,
chasquea.

En mi peldaño estoy mirando cómo pasan...
Qué decepción es la vida – decías – ,
cuando la voz se queda sin escala...
Cuando el silencio te llena el corazón
y ya no hay estaciones
donde cantar tu nombre, amor.

Del libro: "Entre dos tierras" . Edit. Punto Rojo, nov. 2015. Por, Clarisa Tomás.

jueves, 6 de agosto de 2015

MÁS ALLÁ

Acuarela del pintor Cristobal Alcaraz. Artista contemporáneo valenciano, Spain.
"La melancolía es el placer de estar triste"
Victor Hugo.

Como cualquier transeúnte del mundo,
a veces me detengo y otras ando.
Me quedan los lugares y los rostros,
las palabras, los recuerdos...
Pero procuro hacer un uso positivo de ese estado.




Más allá del camino
donde busco encontrarme,
más allá de este río
donde siempre me encuentro,
más allá de la tarde,
más allá de este sueño...
He cruzado aquel puente
que jamás me atrevía,
adoquines de tránsito
con su espalda partida.
He logrado vencer
el trecho hasta la herida,
arribé en la orilla
donde el agua platea...
Nunca supe de ti
después de nuestro tiempo,
la memoria te canta
cuando llega la noche,
y en ella me cobijo,
aquí donde no mueres.
Más allá de la isla
que siempre me persigue,
donde no urge la prisa
y la palabra aprende a nadar solitaria.
Donde abriga el recuerdo, atento,
al viaje de los cisnes...


Poema del libro (inédito) "Los puentes desatendidos" por, Clarisa Tomás.

Les invito a escuchar una pieza musical que nos adentra en el viaje del río, en su proceso desde el nacimiento hasta llegar al mar...  Quizá no tan diferente a nuestro propio viaje. 




martes, 9 de junio de 2015

AZAR

Pintura de Richard S. Johnson. American painter, Chicago - Illinois, 1953. Impresionismo.
Artista ganador del Premio Artemisa 1997 , entre otros.



Un azar golondrina
inesperado pasa.
Hay muchos que lo esperan
dicen las hojas – .
Pero yo no lo espero.
Algunos azares se fueron al norte,
luego vinieron otros
que buscaban agua,
tierra sin penumbras.

Así es la inventiva del azar fulgurante,
te envuelve y deslumbra en su antojo volátil,
la llave de su faro nunca abrirá tu cárcel.

Un azar nuevo vino a buscarme,
recorrimos lugares esperando fortuna,
él quería una palmera con dátiles maduros,
yo quería un alero donde mirar las aves.

Llegamos casi al borde de un nacimiento,
allí donde comienza el desequilibrio...
De improviso se fue, como imprevisto vino.

Azares prodigiosos, azares clandestinos...
Un azar llegó sobre el trigo una tarde,
las espigas trenzaron un verso inolvidable.


Poema recogido en el libro (inédito) "Donde el maizal florece" por, Clarisa Tomás.


martes, 21 de abril de 2015

ESENCIA

Óleo del pintor realista  Xie Chuyu (谢 楚 余) 
A él...
Todos saben que el rumor del agua
es una canción desnuda,
una entre tantas
que precisa
 un beso...


Terminarás como yo
sobre la orilla del mar,
esperando ser vuelo en la onda,
un canto, simplemente.
Y descubrirás como yo
que el mundo cabe en las manos,
la libertad en un suspiro.
Como yo, que descubrí
el amor más grande
en un pequeño beso.
Tú sabes de qué hablo,
sabemos que él existe...

Y el reloj de la tarde
que ya no cuenta flores,
margaritas sin horas,
violetas de un día...
Contemplo los granos de arena
con sus pequeñas bocas,
me adentro en el hueco de una concha,
la espuma nos ahoga en su arcoíris...
El latir de un corazón velero
remueve el silencio, da vueltas...
Como tú, que solo giras
sobre la sombra de un tiempo helado.

¿Qué ardid inventarán tus ojos
cuando acabe la luz y seas memoria?.

Y tú en el sur
de una tierra lacrada.
Y yo en la orilla
donde el jazmín es sal...
Y descubrirás que un día,
es una vida sin preámbulo,
que “todo” se viste de “nada”,
epílogo nefasto sobre tu piel.
Terminarás como yo,
amando sobre el viento, más libre...

Buscando un remolino
de amor oxígeno,
respirando en él la verdad naciente,
encaramados a él.
En él, germen de esencia
de ingrávido perfume,
de encuentros diminutos sin recelos...
Lumínico sosiego
donde gira la calma y nace una leyenda...
En él, que gravita en el sentir de un beso.


Poema del libro (inédito): "Donde el maizal florece", por Clarisa Tomás. 

domingo, 4 de enero de 2015

REFLEJOS


A Ruhirwa.
Llegó el atardecer
y desnudó el mundo.
Y sus manos, sólo escribían...


Te escribo desde el este, con la esperanza de que sigas caminando, con aquel buen principio tuyo del movimiento. Dime, mi amigo, ¿aún lloran las colinas sobre tu pecho?. Sí, tus mil colinas...

Hoy es un día de esos sin reflejos. Ni el mío, ni el tuyo, sobreviven en mi cristal. Quizá abandoné el espacio donde guardé aquella mirada. Quizá comencé a alejarme de aquello que tanto amé... Tal vez encontré el manantial de aquel dolor, y, sació mi alma.

Creer, creer... En la vida, en la flor, en el ave. Creer en la montaña, en la idea ineludible de que ella jamás tendrá piernas, que nunca podrá caminar. Y creer en las palabras diseminadas, volátiles como diente de león, olvidadas. Creer en la existencia de tu único nombre, en la fuerza que anima tu voz y la hace causa, destello, vigor, nota. Creer en intenciones que gravitan sin hélices, que vagan al destierro, al lugar donde acaba el pensamiento. Quizá, el tuyo, el mío, el nuestro...

No hay puertas para que entre tu nombre, nadie lo pronunciará ya, y aún cuando hubo un tiempo que fue pronunciado, no queda rastro de sus vocablos. Porque nada detiene el olvido al que somos destinados.

La vida es un reflejo fugaz, sobre un espejo aparente que nadie cristalizó; que nadie sabe de dónde surgió su rayo, y, a dónde va su eco. Nuestros huesos cosidos con invisibles hilos; nuestras manos vestidas de enredaderas torpes, trepan por imposibles tapias; nuestros pies, prisioneros de anillos, se enredan... Ruedas que los aplasta, simples guijarros que cantaba el poeta.
Y, nos paramos delante del espejo, a veces por un tiempo, otras un instante. Nos buscamos dentro de él, cruzamos por su puerta, rasgamos su figura y, nos acoplamos a nuestra ilusoria necesidad de ver su fondo. Fondo invisible a nuestros ojos. La opaca garantía de la quimera: “ser y no ser”.

De niños, nos miramos en todos los cristales al pasar por el laberinto de las calles. Abrimos los ojos como lo hacen nuestros monstruos; movemos las orejas, erizamos el pelo; hacemos muecas con la boca y estiramos el chicle hasta el ombligo, y, nos hacemos risas y reímos de nuestra cara; en nuestra cara; con nuestra propia cara. 
De jóvenes, nos estudiamos palmo a palmo delante de él, y hasta el más ínfimo lunar nos hace gracia; nos buscamos secretos entre la piel, los desnudamos, y seguimos sin ver; y todo nos parece estar más allá de nuestras manos. 
De adultos, nos asustamos ante él y nos miramos poco, porque el espejo no nos reconoce. ¿Quién es ese?, le preguntamos de reojo. Asumimos que el espejo miente, que él no sabe nada, ni de éste, ni de aquél.
Porque él no cuenta el sufrimiento de cada imagen, ni el dolor, ni el miedo, ni el silencio que deja cada ceguera en la piel.

Cuando ya muy viejos, sencillamente, no nos vemos. La muerte no se refleja – decía Yurema, el día que se le borraron los ojos de la cara – , y sin embargo, ésa es la imagen real que proyectamos: ojos ciegos.

Me cantaba mi madre la canción del camino
donde el hada perdió su diadema dorada.
Todos los ojos ciegos salieron a buscarla...
La encontraron los duendes del bosque diminuto
entre las hojas blancas de un roble moribundo.
Todos los ojos ciegos lucieron con su brillo...

Tú sabes, que ya no sueño con figuras de espejos. Te reías de mí, al nombrarte los múltiples disfraces que el espejo me ofrecía... Y yo, autómata, me alejaba de principios honorables y presumía de mi tierra de espejos. Y tú, paciente, me dejabas caer en las lagunas de mi mundo. "Espejos rotos, reflejos huidos", decías, mientras la luna brillaba en tu piel...

La realidad se inventa mil formas, millones de intenciones se dibujan sobre el simple espejo, apenas bocas, alas, hojas, llamas, agua... Luces y sombras caminan de la mano, entrelazadas, buscando realces sobre el lienzo, el colorido intento de llenar un espacio, de lograr no ser borrado.
Pero el espejo no sabe de raíces ni de manos pintoras bordeando contornos; ni sabe del instante en el que se paralizaron tus ojos, tu voz, tu risa. La mía...

Iré a verte pronto, mi amigo. África canta en mí su canción viva, y yo, quiero cantar para ti, con ella... Volveré contigo a la ruta de las palabras, aquellas que formaban un largo camino, y llegaban a los pies de Virunga. Tú y yo sabemos, que jamás fueron vanas, ni escasas de logros, pero el peregrinaje acabó... El viejo maestro Yurema, insistía, en que jamás hay que volver a donde el dolor nace. Es causa perdida buscar la profundidad de su manantial. ¿Para qué?. “Hay que mantenerse en movimiento”, cantaba con pasión:
"En mouvement je suis, mes pieds savent le chemin"... 

Como la propia vida que no cesa un instante, de crecer y crecer... De morir y morir... “Es sabio para el doliente, sentirse estirado, alargado, porque al final, un día se romperá, y no tendrá que arrastrar más su dolencia”... Pero tú te rompiste sin esperar...

Rwanda tiene colinas, 
con mil heridas abiertas,
donde tu nombre se pierde,
donde tus ojos se ciegan.
La lluvia lava tu cara,
las ojeras del camino,
arrastra los viejos males,
se lleva aquello perdido.

Cuéntame tus silencios. Háblame de tus pasos, del lugar a donde fuiste... 
El ibis guarda secretos bajo su blanco plumaje... Recuerdo tanto tus canciones...

Dime, mi amigo inolvidable, de impronunciable nombre, ¿sanaron tus cicatrices?.
Las mías han curado, a trozos; pero aún no se reflejan en el cristal...
Desde esta orilla espero tu respuesta, algún reflejo. Aquí, donde el Mediterráneo quisiera ser colina.
Del libro (inédito) "Cartas desde la orilla", parte II, por Clarisa Tomás.

Unas palabras...
Gracias por vuestras lecturas, por estar ahí. Buen año 2015 para todos, en la esperanza de una mejora en nuestra humanidad. 

Hay muchas cosas por lograr sobre esta tierra, pero lo que más urge es humanizarnos. Pienso que sin voluntad para acabar con tanta injusticia y desigualdad social, y, mientras los gobiernos no se unan entre ellos y luchen de verdad por el bien común y el respeto por este hogar de tierra, y todos sus habitantes, nada podrá lograr una voz aislada... Mas, honran nuestras vidas y memoria todos los que han luchado y luchan, incluso con su vida, por alcanzar un mundo mejor. A ellos les debemos nuestra esperanza. Y es por ello, que considero, que todos los sufridores del mundo han de unirse, para defenderse de este estado de cosas inaceptables. Unidos pacíficamente, pero con determinación ante la avaricia de los que creen que el mundo sólo es suyo; y, que no son otros, que los poderes públicos apoyados por los grandes poderes económicos y financieros, y, los poderes religiosos. Lo único que queda claro, es, que la injusticia crece en exponencial con la crueldad.

Es horrible nuestra actualidad mundana. No hay rincón donde no haya muertes, violaciones, hambre, corrupción, miseria... Y todo es consentido y con la complicidad de los que gobiernan. Parece que el hombre sólo tenga el objetivo de acumular riquezas particulares, y por esa riqueza, que al final es falsa, cuánto sufrimiento de personas, animales, naturaleza toda.

Pero, aunque parezca estéril e inútil la lucha de tantos, yo creo que este camino de soberbia acabará. El hombre aprenderá al fin, que solo, no es nada. Volverá a su razón. Con este pensamiento me consuelo. Pero sigo sin  comprender, ¿cómo puede alguien quitarle la sonrisa a un niño?...
Siempre lo mejor para ustedes.
Clarisa.