jueves, 22 de septiembre de 2016

FORTUNA E INFORTUNIO DE WADADJÉ



Del libro: Contes et légendes de la Corne de l' Áfrique (Cuentos y leyendas del Cuerno de África).
Autor: Yves Pinguilly.
Ed. Anaya (2003).
Ilustración: Tino Gatapán.
Traducción: María Durante.

Entre el mar Rojo y el Nilo Azul, al este del continente africano, El Cuerno de África constituye un mundo aparte...
(…) todavía allí, hoy en día, existen lugares donde los cuentos y las leyendas siguen confundiéndose con la vida real”.

Hoy os comparto este precioso cuento (IV) del libro de Yves Pinguilly, libro que es una maravilla y que desde aquí lo recomiendo. Por supuesto, a los que les interese la cultura africana y sus leyendas.

FORTUNA E INFORTUNIO DE WADADJÉ
Tal vez aquel fuera el país en el que los hombres leían el porvenir en las entrañas de las vacas... Siempre conviene estar enterado de las costumbres de un lugar antes de visitarlo.
Varias veces al día, Wadadjé contaba y volvía a contar los ochenta táleros de plata y las veinte monedas de oro que tenía en el bolsillo. Caminaba, sin decirle a nadie si peregrinaba a La Meca o a Lalibela. El caso es que llegó a una ciudad, y allí se quedó a descansar y a pasar la noche.
Al día siguiente, después de tomar unas gachas de avena y manteca, se disponía a reemprender el camino cuando, por primera vez aquel día, se le ocurrió volver a contar su fortuna. Nada. Tenía el bolsillo vacío. Por más que metió en él la mano izquierda, después de haber metido la derecha, allí no había nada. No tenía la ropa rota y no se la había quitado para dormir, y se había acostado del lado en que guardaba las monedas. Tuvo que admitir que ningún ladrón podía haberle robado su pequeña fortuna. ¡Así que él era el único culpable, el único responsable! Seguramente, las dos bolsas de monedas se le habían caído mientras corría en medio de las sombras de la noche en busca de cobijo.
Se dirigió a un dabtara que le recomendó que se fuera a ver al sacerdote.
El sacerdote escuchó lo que Wadadjé le contaba, y le dijo que intervendría una vez convenida una pequeña cantidad de dinero, cantidad que iría a parar a las arcas de la iglesia si se recuperaba la fortuna.
El sacerdote ordenó inmediatamente que se proclamara la noticia, y antes de que el sol se encontrara en equilibrio en el punto más alto del cielo, todos los habitantes se enteraron de que un hombre había perdido dos bolsas llenas de táleros de plata y de monedas de oro. Se enteraron también de que quien las hubiera encontrado estaba obligado a devolverlas, bajo pena de excomunión y de no conocer jamás la dulzura del paraíso de los cielos.
Azieb, al igual que los demás, oyó el mensaje del sacerdote. Ella había encontrado las bolsas muy de mañana, cuando volvía de comprar una qunna de teff.
Mientras calentaba el horno y engrasaba la plancha para hacer una injera, se decía repetidamente: «Tengo que ir a devolver ese dinero, tengo que ir...». Extendió la masa formando una hermosa espiral sobre la fuente de barro y siguió diciendo: «Tengo que ir a entregar ese dinero, tengo que ir a». Cubrió la masa y dejó que se calentara. Duando la injera estuvo cocida, la sacó del horno con un plato de mimbre. Luego Azieb, que llevaba una cruz tatuada en el cuello, se puso en pie y dijo:
Ahora mismo voy a devolver ese dinero.
Se untó el cabello con manteca perfumada y, cuando se vio guapa, se fue a ver al sacerdote que aguardaba delante de la iglesia, en compañía del dabtara y Wadadjé.
Aquí están las dos bolsas que encontré esta mañana. Tienen muchos táleros de plata y monedas de oro.
El sacerdote cogió las bolsas, le dio las gracias y volcó las monedas en el suel. Contó ochenta táleros de plata y veinte monedas de oro.
¿No falta nada? – Preguntó el sacerdote.
Wadadjé, que estaba muy sorprendido de que le devolvieran lo que había perdido, miró por encima a Azieb y dijo:
¡No puede ser, esa mujer me devuelve la mitad del dinero! Se ha quedado con la otra mitad...
No es verdad. Te he devuelto todo lo que encontré.
Azieb juntó las manos, alzó los ojos al cielo y repitió:
No es verdad. Te he devuelto todo lo que encontré.
Wadadjé pretendía que le devolviera lo que él no había perdido. Él pensaba que una mujer capaz de devolver una fortuna así con toda seguridad debía ser muy rica.
Él insistió. Y ella repitió:
Es todo lo que encontré.
El sacerdote estaba muy molesto. ¿Quién decía la verdad? ¿El forastero que le había prometido una recompensa para la iglesia o aquella mujer con la cruz tatuada en el cuello? Ante el temor de no saber juzgar acertadamente, les comentó que acudieran al rey: él estaba acostumbrado a impartir justicia.
Una vez en presencia del rey, Wadadjé hizo dos reverencias, dijo en voz alta y sonora:
Que Dios os muestre la verdad – Y a continuación declaró – : Tenía ciento sesenta táleros de plata y cuarenta monedas de oro. Esta mujer ha encontrado mis dos bolsas, pero solo me devuelve la mitad.
También Azieb dijo en voz alta y sonora
Que Dios os muestre la verdad – Y a continuación explicó – : Yo he devuelto todo lo que encontré. « Todo» quiere decir «todo». No me he quedado con nada, no he robado nada.
El rey les dijo que repitieran lo que habían dicho. Lo repitieron sin cambiar ni una sola palabra. El rey se quedó un momento reflexionando y, luego, sin consultar con ninguno de sus consejeros, dijo:
Tú, hombre, has perdido ciento sesenta táleros y cuarenta monedas de oro. O sea, que la suma que te devuelven no es la tuya. ¡Entrégasela!
Hablaba con la mucha autoridad. El sacerdote que acompañaba a Wadadjé tenía todavía las bolsas con el dinero. Se acercó al rey y se las entregó. El rey se volvió hacia Azieb y le dijo:
¡Tú, acércate!
Ella dio dos pasos e hizo una reverencia ante el rey. Este le dijo en voz alta, para que todos pudieran oírle:
Toma esta fortuna que has encontrado. Tuya es. Nadie la ha reclamado. No hay nadie en la ciudad que busque una bolsa con ochenta táleros de plata y veinte monedas de oro.
Azieb le dio las gracias y se fue a su casa a comer la injera en compañía de los suyos.
Wadadjé se marchó de la ciudad, sin decir a dónde le llevaban sus pasos. Unos afirmaban que iba a La Meca, otros aseguraban que iba de peregrinación a Lalibela.

Ciclo de lecturas sobre cultura y leyendas africanas, 2016. (En un lugar de... ).
Gracias a todos.


lunes, 5 de septiembre de 2016

MI INQUIETUD

Imagen del film: Benim Dünyan (Mi mundo) Turquía, 2013. Director: Uğur Yücel.
Remake de la película dramática Black , basada en la vida real de Helen Keller.

¿Qué mundos tengo dentro del alma que hace
tiempo vengo pidiendo medios para volar?
Alfonsina Storni.


Como soy tan pequeña
no me ven.
Como soy tan ligera
no me sienten.
Alzo mi voz y nada
se conmueve.
Como soy tan ilusa
no alcanzo palabras,
no descubro auroras
fuera de mi nimbo.
Los sonidos no vienen a mí,
ignoro el porvenir de los días
y cuánto cabe en mis miedos.
Oh, latidos que estáis
en todas partes, tocad
mi corazón y mi garganta,
bruñid mi oscuridad
y hacedla blanca,
temblor de nieve en carrusel.
Y besad mi frente viajeros del aire,
que la vida no sé donde empieza
ni acaba,
y no siento quimera de besos.
Como soy tan distinta
no existo.
Y me apago y me enciendo
a ciegas,
y me anudo y deshago
en mi cuerda,
caigo sin ruido.
Si pudiera sentir una voz
que cantara en mis noches
por dentro.
Un arrullo, ¡pequeño, pequeño!,
una muestra de amor.


Del libro (inédito) Memoria Refugiada, por: Clarisa Tomás-Campa. ¡Gracias!

Os comparto esta pieza musical del film Benim Dünyam, estremecedora lírica de un sentimiento:


jueves, 4 de agosto de 2016

EL PUENTE DE LOS TRANSEÚNTES

Imagen: "Nordic summer's evening", Richard Bergh (1858-1919).
"Stop this day and night with me and you shall possess
the origin of all poems,
You shall possess the good of the earth and
sun ... there are millions of suns left".
"Leaves of Grass".

Quédate conmigo este dia y esta noche y poseerás el
origen de todos los poemas,
poseerás lo bueno de la tierra y del sol ... aún
quedan millones de soles".
Walt Whitman. "Hojas de hierba".

A quién puedo esperar
sino es a ti,
caminante que ocultas tu sentir
hasta que amanezca el día de la ternura.
A quién puedo anhelar
sino es a ti,
ala que vuelas escondida
en algún rumor sobre los bosques.

No fingiré ignorarte
cuando llegues a mi trozo de tierra.
Cuando vea el relámpago
que unirá nuestros acantilados...

Entre azules inmensos te encontraran mis ojos,
y me darás tu allegro,
más allá de un domingo sobre el puente
de los transeúntes.
Más allá de esta distancia de imposibles,
del día y de la noche de nuestro inútil verso.
Y seremos nieve derretida en el valle
para colmar carencias y despertar canciones.

Inquietud prodigiosa que crece y crece,
hasta alcanzar tu palabra
o tu silencio eterno.
Y me uno al canto de herrerillos audaces
para templar mi latir,
y sueño con tu voz en noches estelares.

Búscame entre letras desprendidas
a tus pies, o sobre el camino que doblegas.
Búscame en líneas corrientes sobre el mar,
el mar que nos separa y nos anima
a ser un vivo himno sobre el agua.
Y canta, ¡canta para que yo despierte!

¡El anhelo es un aroma que se prende!
Hay luces musicales entre las flores,
¿eres tú el que abraza la mañana?
La esperanza es un destello de acuarelas
donde surge la ternura y nacen besos,
donde siento que te haces transitable.

La tierra da sus giros y nos acerca
en este remolino del adverbio,
donde aquí es allá, y cerca es lejos.
Donde el puente es cómplice y encuentro.

Una caricia se anticipa, me desprendo...
Trae gotas de rocío en su desvelo,
una voz que sólo canta para mí.
¿Eres tú quién yo espero? ¡Eres tú!

Poema recogido en el libro (inédito) "Los puentes desatendidos" por: Clarisa Tomás.


Feliz tiempo a todos los lectores de los dos hemisferios. Sé que a veces escribo cosas tristes o más bien realidades frías. No persigo promover tristezas, ellas están ahí sin resaltarlas, pero no siempre soy dueña de mis palabras...
La vida también tiene sus posibilidades para darnos momentos especiales y alegres, saber mirar con esperanza, ayuda. Es bueno pensar que el Amor nos persigue, porque ese es su fin: encontrarnos. Cruzar algún puente de vez en cuando, y, ¡a ver qué pasa!
Os deseo, a todos, momentos que os llenen con aquello que os falta. Claridad para no perderos ni una puesta de sol. Algún amigo de esos que saben leer el alma o suelen cantar.
Gracias por vuestras lecturas y comentarios, por vuestro apoyo en esto que hago de escribir sin más proezas. Divenire...

sábado, 23 de julio de 2016

CUANDO SEAS NATURALEZA...

Imagen del filme: L'Ours (1988), del director Jean-Jacques Annaud. Belleza.


"La belleza es la vida,
cuando la vida descubre
su rostro angelical y sagrado".
Khalil Gibran.

Cuando seas Naturaleza
sabrás cuánto duele la vida,
cuánto mata el derrumbe
en un día cualquiera de ruinas.

Nada la sangre sobre las tejas,
apenas levanta la cabeza
ya es hundida de nuevo
al sangriento combate arrollador.

Bulle la sangre,
sangra y se desliza
desde la raíz diminuta
hasta la hoja arrancada
que acaba dando tumbos
en las profundidades.
Se derrama la sangre
entre tumultos;
inundan los festejos con ella,
engalanan las gradas
y baja al redondel y se pierde...
Vuela la vida blanca
y se estampa en las paredes,
en las vallas cuchillas,
en los saltos de muerte.

Y no hay nada que detenga el estoque
sobre el pecho del día ingenuo,
él surge ilusionado, alentado
por los cantos que rumorean en la noche...
Se arremolinan escarpias
para tocar cada río que se rompe
y vuelve a su lágrima;
amenazantes punzadas
 que hurgan en el desamparo
y rematan finales sin piedad.
Y retumba la sangre
en su febril galope, dentro de la boca,
y allá donde lo breve se diluye.
Y vuelve el acero cargado con su azote
para agujerear los brotes
y secar los pequeños instantes
donde el alma resbala y se hace agua.
¡Agua, agua!... Y la sed mata...

Cuando seas Naturaleza
sabrás cuánto sufre la Tierra,
cuánto duele el núcleo y el átomo.
Cuando luches en ruedos,
cuando nazcas en jaulas
y te arranquen los ojos,
sabrás cuánto duele un silencio,
cuánto quema el tronar de los voceríos.
Cuando seas corteza
sabrás cuánto duelen las manos,
cuánto sufren los pies y los brazos,
cuánto duele la boca;
cuando quieras alzarte y no llegues,
cuando quieras correr y no puedas;
cuando intentes hablar y te rompas,
cuando mueras de sed y sin voz.

Ten valor, blanca rama,
que has nacido escondida
entre el pecho y la cumbre,
ten valor cuando llegue
la fiesta de los taladores
de flores y troncos.
Ten valor, pequeña luciérnaga,
cuando te abrume la sombra feroz.
Ten valor, abedul prisionero,
cuando lleguen los fuegos
y destruyan la luz de los bosques...
Ten valor, inocente quejido,
cuando caigas al foso sin fondo...
Tú que sufres el daño fatal
y el constante sangrar y el castigo,
un consuelo ha de darte la vida,
de algún modo tendrás libertad.
Amapolas del valle: ¡volad!

Y caerá de nuevo
la nieve en las mejillas,
sonrosadas estampas
dibujarán los astros con sus dedos,
y sobre los párpados desolados,
besos marineros endulzarán
lo que deja la espuma...
Y amanecerán otras auroras sublimes
para acunar las pequeñas tristezas
que vienen y van por las venas,
y se llenarán los mares de azucenas
con las llamas desprendidas de la sangre...


Poema del libro (inédito) "Donde el maizal florece" por: Clarisa Tomás.
Este poema nació de una experiencia singular en un día que llovían las flores y los tejados se llenaron de animales deshechos y tristes.  Naturaleza se rebeló con señales de agua... Algún día quizá, me atreva a contarla. 

La naturaleza es tan hermosa, dejémosla crecer y ser, llegar a su destino.
https://www.youtube.com/watch?v=TjLCJKoot4U

La naturaleza es belleza, es paz, es música...
https://www.youtube.com/watch?v=NlprozGcs80

miércoles, 29 de junio de 2016

PODER Y JUSTICIA

Justicia venciendo a Injusticia. Barroco. Francesco Solimena (1657-1747). 

ETERNA RIVALIDAD: PODER Y JUSTICIA
Meditando sobre los acontecimientos recientes ocurridos en España en estas ultimas elecciones y el debacle de Europa, me quedo como Erasmo de Rotterdam, “viendo el escaso poder que tiene la razón sobre la realidad”.
Dice Zweig en su libro Erasmo de Rotterdam triunfo y tragedia, que : «Parecíale a Erasmo, muy alocada toda la confusa agitación del mundo y a dondequiera que lanzara su mirada encontraba realizado el sentido del soneto de Shakespeare:

El mérito nacido cual mendigo,
la indigente oquedad reverenciada,
mordaza para el arte quien gobierna,
privado de derechos el espíritu,
juzgada necia la honradez sencilla».

También estoy confusa.
Algunos países que conforman la UE, ya no quieren permanecer en el proyecto europeo; Reino Unido no quiere formar parte y otros harán lo mismo. Quizá porque nunca hubo intención de crear un espacio común más humano donde la política solidaria fuera el principal eje, sino todo lo contrario; mas bien el experimento europeo nos ha traído a la actualidad aquel pensamiento egoísta que Maquiavelo proponía en su obra : El Príncipe. Donde cada “principe” de cada reíno de Europa ha pretendido para sí el más amplío poder.

Y España, por segunda vez, ha elegido un camino en el cual muchos españoles no cabrán en él, y otros se quedarán en las cunetas abandonados a su suerte. España no quiere políticas encaminadas a una mayor igualdad social. Ha triunfado como hemos visto la corrupción y todo lo que aleja, aún más, las clases desfavorecidas, es decir, a los perdedores; y se ha penalizado en las urnas a quienes aún no están viciados con las ansias del podio. A quienes luchan por hacer efectiva una sociedad más justa. Y todo parece un verdadero “juego de despropósitos”. No pretendo satirizar los males de esta sociedad actual, ni hacer crítica de nada, pues ante lo incomprensible, las palabras sobran y la verdad, estoy sin armas. Simplemente parece que se repite el mismo mal que viene desde antiguo: la estupidez humana. Es evidente que “en España se premia lo malo”, y no digo esto por que lo dijera un ilustre en otro tiempo y contexto teatral que nada tiene que ver, – y que era más bien conservador – cuyo nombre se repite en estos días, sino porque es una evidencia.

Hace unos días asistí a un desagradable suceso: el desahucio de una familia y sin un techo alternativo. Diariamente aún ocurren en nuestro país 67 desahucios. Por poner un ejemplo de uno de los males que arrastramos y que pudiéndose favorecer las herramientas para erradicarlo, “los poderes” no lo lo han permitido. Las lista de males sociales nuestros, como todos sabéis, es larga. Y no hablemos de ayudar al prójimo, ya sea un vecino o un refugiado. ¿Será que todos llevamos un príncipe Maquiavelo dentro? ¿Será que el humanismo fue sólo un pensamiento sin acciones que se quedó en cobardía? Pero no, una parte de la sociedad no es cobarde, lo demuestra cada día en las calles, rebelándose ante las injusticias y, ¿por qué no decirlo?, también ante la pasividad, la complicidad... Otros lo demuestran en su trabajo diario. Y ahora somos cómplices de aquellos males que no se arreglarán. Pues eso, que tenemos lo que nos merecemos.

Capítulo XXXI (Fragmento) de Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam.
«Veamos: Si alguien volviese la vista a su alrededor desde lo alto de una excelsa atalaya, como los poetas le atribuyen hacer a Júpiter, vería cuántas calamidades afligen la vida humana, cuán mísero y cuán sórdido es su nacimiento, cuán trabajosa la crianza, a cuántos sinsabores está expuesta la infancia, a cuántos sudores sujeta la juventud, cuán molesta es la vejez, cuán dura la inexorabilidad de la muerte, cuán perniciosas son las legiones de enfermedades, cuántos peligros están inminentes, cuánto desplacer se infiltra en la vida, cuán teñido de hiel está todo, para no recordar los males que los hombres se infieren entre sí, como, por ejemplo, la miseria, la cárcel, la deshonra, la vergüenza, los tormentos, las insidias, la traición, los insultos, los pleitos y los fraudes. Pero estoy pretendiendo contar las arenas del mar»...

Así, los eternos antagonistas se enfrentan de nuevo y parece que, prevalece el Poder. Siempre el poder... Maquiavelo está vivo.
Dice Stefan Zweig en su libro sobre Erasmo que: «mientras Erasmo deja a las generaciones venideras , como noble tarea, su legado espiritual de una concordancia europea, aparece uno de los libros más decisivos y osado de la Historia Universal, el famoso, Príncipe, de Nicolás Maquiavelo. En este manual, matemáticamente claro, de política de potencia y de buen éxito sin consideración a cosa alguna, están palpablemente formulados, como en un catecismo, los principios más opuestos al erasmismo. Mientras Erasmo exige de los príncipes y pueblos que subordinen, voluntaria y pacíficamente, en aras a la fraternal comunidad de todos los hombres, sus pretensiones egoístas e imperialistas, Maquiavelo eleva la voluntad de potencia, la voluntad de energía de cada príncipe y de cada nación hasta ser el supremo y único objeto de su pensamiento y acción (…) El extremo desarrollo de la propiedad individual nacional tiene que ser para ellos el único y visible fin propio y culminante de toda evolución histórica, y su realización, sin miramiento alguno, la más alta tarea dentro de los acontecimientos del mundo; para Maquiavelo el sentido final es el poder y el desplegamiento del poder, para Erasmo, la justicia».

¿No os recuerda este ejemplo de antítesis de pensamiento político y social a lo que está ocurriendo en nuestro país y en Europa?

Para mí, las políticas conservadoras son el fiel reflejo de ese pensamiento de fuerza efectiva sin contemplaciones. Por el contrario, las políticas más solidarias y las social-demócratas, serían las reminiscencias de esa humanidad que aún pervive, quizá soterrada, bajo nuestra piel de humanos.
Una vez más comprobamos que, en la sociedad actual, prevalecen los intereses individuales a los comunes. La política, que no es más que el engaño mediante el cual los poderes, se proporcionan a sí mismos más poder y dejan unas migajas a la ciudadanía, haciéndoles creer que los derechos sociales tienen que ganárselos mediante los múltiples mecanismos de esclavitud que la misma sociedad genera, con la falsa ilusión de que son logros individuales, sirve, y muy bien, a su propósito. Todos los pobres del mundo deberían unirse para crear un vínculo de solidaridad juntos. Desterrar todo lo maquiavélico, o al menos, apartar de las instituciones y de los gobiernos ese empero legendario tan mezquino.
Es ingenuo y hasta ridículo pretender que las sociedades deberían aspirar a un gobierno que las hiciera felices. Como mínimo, que no te dejaran morir de hambre delante de un gran supermercado; o morir sin atención sanitaria, delante de un hospital; o morir ahogado en el mar, delante de un mundo tirado al sol en la playa...
Todas las personas tenemos iguales derechos adquiridos al nacer, sólo por el hecho de estar vivos. ¿Quién decide que un niño coma y otro no? ¿Quién decide el derecho de vivir bajo un techo, de caminar libremente, de tener acceso a la sanidad?... Estas cosas no deberían discutirse en nuestros días.
¿Será que el legado de Maquiavelo prevalece al de Erasmo? Será que esa idea del humanismo, la más sencilla y al mismo tiempo eterna, de que el supremo tema de la humanidad es llegar a ser cada vez más humana, cada vez más espiritual y comprensiva de Erasmo, se diluye en los brazos de las fuerzas del capitalismo voraz, que todo se lleva, incluso la oportunidad de ser humanos.
Será que lo que se ha perdido, perdido está...
En fin, – permitidme esta licencia comparativa con varios siglos de diferencia – pero en España hemos elegido a Maquiavelo. Erasmo se ha quedado en su Elogio de la locura. El espíritu de justicia, la anhelada unión de las naciones bajo el signo de cultura común, sigue siendo una utopía, no ejecutada, y acaso, nunca ejecutable dentro de nuestra realidad. «Pero en lo más profundo, siempre supo Erasmo que este perverso espíritu de la naturaleza humana, que el fanatismo había de destrozar su propio mundo benigno y su existencia».

Anticipemos aquí lo que hace que Erasmo de Rotterdam, el gran olvidado, sea todavía hoy, y precisamente hoy , de tanto valor para nosotros: entre todos los escritores y creadores del Occidente fue el primer europeo consciente, el primer amigo de la paz, el más elocuente defensor del ideal humanístico, benévolo para lo mundano y lo espiritual. Erasmo amó muchas cosas que son queridas hoy para nosotros: la poesía y la filosofía, los libros y las obras de arte, las lenguas y los pueblos, y, sin hacer diferencia entre todos ellos, el conjunto de la humanidad, para el logro de una más alta civilización”.
Capítulo“Misión y sentido de la vida” de Stefan Zweig.
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Ideas tomadas del libro de Stefan Zweig: Erasmo de Rotterdam triunfo y tragedia de un humanista. Y del libro de Erasmo de Rotterdam: Elogio de la locura.

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